martes, 24 de agosto de 2010

A mi mejor amigo.


En estos momentos me gustaría que estuvieras por aca.
Tengo mil cosas que platicarte.

Como por ejemplo lo ridículamente agradable que me resulta últimamente estar descalza. Decirte que me voy en huaraches a la escuela y siempre los dejo junto a algún árbol para caminar en el pasto. Que nos obligan a descalzarnos en clase de corporal. Las duelas son sumamente agradables, ni muy frias ni mucho menos calientes. El escenario del teatro se siente mas sólido, mas pesado, a pesar de estar abajo, y siempre me deja las plantas negras. También me quedan negras cuando camino por la calle o por la banqueta con los huaraches en la mano.

También te contaría que hay una chica que se parece mucho a la maestra de la que estábamos enamorados. Que es lindísima y que tengo ganas de robarle un beso, pero no lo haré. Te presumiría que ella se acerca rápida a mi y me dice que abrazo muy rico.
Que ella sabe que me gusta, pero que enrealidad no es asi, y desde que esta consiente de ello, juega mas conmigo.

Estoy aprendiendo a dar vueltas de carro. Soy muy mala, pero voy a aprender y cuando lo haga, estaré girando todo el tiempo. Pero de mientras, hago el ridículo felizmente.

Que fuí a Parral con el grupo, a presentar la obra donde yo salgo de bulto y que un señor se acercó con la autora al terminar la presentación y me mandó llamar. Me preguntó mi nombre, lo apuntó en un papelito y luego me felicitó, diciéndome que tengo una mirada muy expresiva y que utilizo los gestos bien.
Maria (la autora de la obra) siempre me dice que con los ojotes que me cargo sería fatal que mirara al suelo. Luego se pone a jugar conmigo, juegos de manos cruzadas y termina por enseñarme un juego con los pies.

A falta tuya he estado aprendiendo a cuidarme yo sola.

Te platicaría que sin embargo la moneda tiene dos caras.
En un solo día dos sujetos me apretaron el trasero y yo dije el pendejo mas sincero jamás pronunciado. Uno se disculpó conmigo durante todo el día. El otro solo fué un cabrón al que casi le arranqué un pedazo de piel.

Hablé por segunda... o tercera vez, quizas. Con un tipo que conocí hace como un mes, es bastante grosero, tiene delirios de grandeza, es un contodaspuedo, abraza bonito e insistía en besarme.
No pudo.
Luego comenzábamos a platicar, estábamos atacándonos por lo bajito, el me decía lo niña que soy y que estaba conciente de que él terminaría casándose con una zorra... yo le dije que los sujetos como él no se casaban. Se señalaba el corazón y decía que su problema estaba ahi. Yo señalé su cabeza redirigiendo su problema. Al mismo tiempo que señalé su sexo el lo apretó indiscreto y ambos dijimos que ahi también estaba su problema.
Nos fulminamos con la mirada, despues sonreimos.

Me desagradó tanto que no puedo evitar que me agrade, casi guste. Y al sentir dicha tontería -te aclararía justamente asi- me dí cuenta del por qué mis relaciones son casi funcionales.

Entonces me darías tus consejos, harías tus miradas y me abrazarías con el confort que solo tu sabes aplicar.










Pero como no estas por aqui... ni como contártelo.

1 comentario:

Elías Calvillo dijo...

Sí, te gustan los cabrones, eso ya lo sabíamos, por eso seríamos tan mala pareja...

Tú no tienes una puta idea de cuanto te extraño.
No, no la tienes. En serio.

Acabo de descubrir esto y gracias a Dios no eres cursi, porque si lo fueras más me habrías hecho llorar toda la noche, porque syo si lo soy.

Popó, me haces mucha falta. Daría lo que fuera por un abrazo tuyo en estos momentos... de verdad lo necesito.

Me alegra mucho de que te esté yendo tan bien, me siento enormemente orgulloso de tus tisnados pies. Sé que le vas a sacar a esto todo el jugo que tenga y es evidente que lo disfrutarás.

Te quiero mucho, Abril.