jueves, 28 de junio de 2012

Vuelo.

Me quedo con ese sabor de boca a colores -de colores a boca- no es como si tuviera muchas opciones.
Necesito salir de aquí, estamos en tiempos de guerra.

Aveces me pregunto por qué hablo en colores todo el tiempo, si aquí todo está tan gris.
Soy como un reloj, suelo detenerme, luego hago 'click' y sigo avanzando.
Click click click click click click.
Nisiquiera me gustan los relojes. No me gusta saber la hora.

Lo que hice, lo que no hice, lo que hago, lo que no hago, lo que haré y lo que no haré.

Mis gemelos que nunca nacerán.
La hija que nunca he querido y todas las hijas que voy a abandonar en sábanas ajenas.
Mi boca roja y todos los labios con forma de cucaracha que hay alrededor de mi.

Luces de media noche que no tengo el derecho a encender en mi propia casa, ya que enrealidad no es mía.
Luces a la hora de las brujas, afuera, yo afuera. Yo, tú, él, nosotros, ustedes, ellos.

Afuera.
Conmigo, con mi piel, con mi mente, con mi ego, con mis ganas de sobrevivir.

Ya no voy a molestar a nadie.

jueves, 14 de junio de 2012

Sigo maullando.

Si un día me atrevo a llorar soy la novia llorona, si un día me enojo soy la hija malcriada.
Si me río mucho puedo ser una amiga latosa, pero si no lo hago soy aguafiestas.
Antisocial porque no me gustan las pláticas de fut bol, pero ignorante para hablar de algo mas "elevado".

Si trato con sencillez y falta de celos soy muy frívola y si me preocupo por mantener a alguien feliz llega el abuso y me mando solita al segundo plano aunque entregue todo.

Y yo creía que el miedo era un mito, y tras mas de 400 días de ser roja, vuelvo a ser azul casi cristalino, pero con una manchita verde que me hace dudar hasta derespirar. Uno nunca sabe cuando puede volver a morir por la contaminación en el aire.

Sigo siendo un gato, un gato para cada persona. Que terminó con un ave con complejo de canario en una jaula imaginaria.
Regalé mis vidas, olvidé que los canarios pueden morir si los asustas.
Pero el mío no murió, simplemente empezó a picotearme. Dos vidas, tres, tal vez para escucharlo cantar; cinco para verlo mover sus alas y que se cansara, usé siete para que siguiera haciéndolo y sin embargo siempre se rendía. Dos mas para abrirle la jaula y se me acabaron las vidas.
A esta altura mi canario ya nisiquiera quiso cantar para mi, simplemente le dieron ganas de ser un águila y salió volando hacia arriba.

Olvidé que por un gato nadie muere.
Me convertí en fantasma.

Me exigió ponerme en sus zapatos pero a él no le gustaba medirse los míos.

Pero sigo siendo un gato con aquellos que aún no se agotan mis vidas, solo que aprendí a no regalarlas.

Tal vez debería aprender a ser otro animal.