Y luego de repente mi chingadazo de karma, asi que corrí a ti.
...Se me había olvidado que ya no existes.
Había olvidado que ya no me miras, que ya no me escuchas, que ya no me lees.
Creo que ya nisiquiera haz de pensarme... y no digo que esté mal, ¡al contrario! me hace feliz pensar que tu no te detienes por nada ni nadie, que estas esforzándote, que serás grande mas pronto de lo que pensé.
¡Pero carajo!, como me haces falta.
Necesito un abrazo que no este vacío, que tomen mi mano sin morbo, que me pongan los labios encima sin nada mas que cariño.
...me consume
Que piensen que me estoy echando a perder, que intenten sentir mi temperatura, que me pregunten si alguien me hizo algo malo, que quieran ahorrar para pagarme un "buen" psicólogo o que intenten hacerme tomar pastillas para los nervios.
De poco a poco, me voy hundiendo, se va relajando mi cuerpo y dejo de luchar por el cansancio, entrecierro los ojos y miro las cosas subir a mi alrededor. Al final simplemente cierro los ojos, dejo que el agua levante mis brazos y piernas al ir abajo, me rindo hasta quedar dormida.
Abro los ojos, ya amaneció.
Otra vez.
jueves, 16 de septiembre de 2010
sábado, 4 de septiembre de 2010
Smile
Áh... pero que gente. Dijo la joven en una voz apenas audible para su madre que la miraba desde el sillón de frente; se levantó tomando su mochila y se apresuró a dejarla a su cuarto.
La aventó, sin importarle las cosas que se pudieron haber roto dentro de ella. Seguido de esto, se recosto boca arriba en su cama y cruzando por sobre su cabeza su brazo izquierdo hacía el lado derecho, cubrió sus ojos con el pliegue del codo y se echó a llorar.
Naturalmente, su madre supuso que había algo mal y se dirigió al cuarto de la joven, se sentó junto a ella, en la cama y comenzó a hablar: no te austes, no pasó nada, todo está bien.
Oh, las palabras de la madre.
Las pinches palabras de aliento que aunque buenas, no sirven mas que para aumentar el coraje.
Esque pinche gente. Reprochaba difícil entre sollozos, apenas articulando las palabras, mientras su madre la veía en silencio.
¡Esque pinche gente!. Gritó.
Volvió a guardar silencio y esperó a que su madre saliera del cuarto. Se dirigió al baño y mirándose fijamente en el espejo se lavó la cara con el sentimiento de impotencia atorado en la espina dorsal.
Secó su rostro y se sentó en el comedor frente a su madre sonriendo:
-Hay un chico que me gusta...
-¿Ah si? -la miraba su madre atenta- ¿cómo se llama?
Al final de cuentas, uno no debe darle mas de 5 minutos a las explosiones, debe sellar el cuerpo, juntando los dientes y corbando los labios hacia el cielo para que no salgan.
Encarcelarlas en una sonrisa.
La aventó, sin importarle las cosas que se pudieron haber roto dentro de ella. Seguido de esto, se recosto boca arriba en su cama y cruzando por sobre su cabeza su brazo izquierdo hacía el lado derecho, cubrió sus ojos con el pliegue del codo y se echó a llorar.
Naturalmente, su madre supuso que había algo mal y se dirigió al cuarto de la joven, se sentó junto a ella, en la cama y comenzó a hablar: no te austes, no pasó nada, todo está bien.
Oh, las palabras de la madre.
Las pinches palabras de aliento que aunque buenas, no sirven mas que para aumentar el coraje.
Esque pinche gente. Reprochaba difícil entre sollozos, apenas articulando las palabras, mientras su madre la veía en silencio.
¡Esque pinche gente!. Gritó.
Volvió a guardar silencio y esperó a que su madre saliera del cuarto. Se dirigió al baño y mirándose fijamente en el espejo se lavó la cara con el sentimiento de impotencia atorado en la espina dorsal.
Secó su rostro y se sentó en el comedor frente a su madre sonriendo:
-Hay un chico que me gusta...
-¿Ah si? -la miraba su madre atenta- ¿cómo se llama?
Al final de cuentas, uno no debe darle mas de 5 minutos a las explosiones, debe sellar el cuerpo, juntando los dientes y corbando los labios hacia el cielo para que no salgan.
Encarcelarlas en una sonrisa.
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