viernes, 13 de agosto de 2010

Y lo ví con los ojos cerrados.

Hoy ví como un avión pasaba sobre nuestras cabezas -muy cerca- y luego se alejaba, miré por un momento la linea blanca que dejó como prueba de su vuelo y luego volví la vista al frente.
Había un él frente a mi, uno que sinceramente hace tiempo nisiquiera era de mi total agrado. Me sonreía, muy alegre; bajé la mirada, encontre mis manos y entre ellas una taza de café.
Regresándole la mirada le encontré con la mano extendida hacia a mi, sosteniendo una cajetilla con un cigarro saliente -el cual tomé-. No podía creer lo increíblemente grata que me era su presencia, asi que me limité a sonreir y mirar como el humo subía.
Se cortó. Cielo.
De pronto me encontraba de pie mirando los carros pasar, él estaba del otro lado de la calle, aún mirándome con calidez. Me dió la espalda y se fué caminando.
Miré al cielo denuevo.
Nuevo escenario.
Estaba en una exposición de arte... dentro, saltando de dibujo en dibujo. Tardaba muchísimo tiempo en cambiar de cuadro.
Eran los dibujos de mi amigo. Y mi amigo estaba allí.
De vez en vez -según el tipo de dibujo- nos deteníamos, nos tomábamos de las manos y hacíamos alguna tontería como saltar o encajar mi frente con su barbilla.
Cambio.
De pronto estaba él sentado en el piso con las piernas flexionadas y las manos una en cada rodilla. Yo estaba en perpendicular con él recargada de su hombro.
Luego con mi amigo que me abrazaba y desde la otra realidad él robaba el abrazo para convertirlo en propio.
Ruido.
Cómo cuando pones retroceder el tiempo se empezó a ir atras, el humo comenzó a bajar hacia el cigarro.
Ví el avión volar en reversa y desaparecer junto con los colores.
Tic toc. Me encontré parada en el eje de las manecillas. Engranes con números y flechas que girban a mis pies.
Engrane sobre engrane, reloj sobre reloj.
Morados, aquas, dorados con huecos que no me permitían bajar. Me asustaba respirar.
Fondo negro, cascadas desde arriba que me hicieron resbalar, me fuí con el agua y esta se congeló, me quedé un rato sentada. El piso no era frio.
Rompió, cayó en forma de estacas.
Yo trepaba a la estaca de al lado, la que no iba tan abajo, saltaba a la otra y a la otra. Pero no dejaba de caer.
Cubrí mi cabeza con ambas manos y apreté los ojos antes de impactar.
La estaca se convirtió en una enorme gota gigante que me acunó.
Mirando al cielo, denuevo, sobre agua. Ahi estaban otra vez, mi amigo y él, ambos extendiendo un brazo hacia a mi.
Alzé los mios, la gota se movió impidiéndome tomarles.
"Ahora - dijo una voz- todo comenzará a desaparecer, poco a poco junto con la música"
¡No!
Me estiré con ingenua insistencia, miré sus rostros de preocupación y me seguí moviendo.
La gota lentamente comenzó a absorberme.
Lo hacía tan lento que parecía que me estaba saboreando.
¡No! Luché.
La música se acababa. Únicamente mi rostro alzado y mi mano seguían fuera de la gota.
Pronto solo mi mano, sin embargo, aún respiraba, aún los veía. Intenté salir, pero solo me atrapaba mas.
Me sonrieron haciéndome saber que todo estaba bien. Cayó otra gota adhiriéndose a la mía poniéndo todo borroso.
Me encerré, suspiré, me tranquilicé.
"Abran poco a poco los ojos"


Y pues... uno debe obedecer al profesor... y volver a la vida real.
Seguimos con la clase, y la cerré con broche de oro.
Dirigiéndome a punto de desmayar y con el entorno blanco, brilloso hasta el baño.

Lo bautizé con vómito.



Se cierra el telón.

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