Gracias por recordarme que mas allá de no ser malo conmigo... eres bueno, hasta me quieres y me siento de tus consentidas.
No me descuidaste ni un momento, me tuviste bien acompañada, me ayudaste a crear vinculos fuertes, me ayudaste a reencontrarme con gente de hacía tanto y reapareciste a otro con una disculpa por su falta de presencia.
Fue en enero que logré llegar a mis 48 kilos, en que el sueño me noqueó con mas rapidez en mis noches de llanto, en el que por tanto amor me llené de odio a un grado tal que comprendí que nada de lo que pasó fue mi culpa.
En enero me despejé completamente la cara para enseñarme a amarme nuevamente... y aún no me siento tan confiada como hace unos años... pero me siento mucho mas segura de lo que me pude sentir en todo el 2012.
Para terminar enero cambié de cartera, saqué todos mis papeles, monedas y dólares de la suerte y los reacomodé.
Encontré una carta de julio del 2011, donde un hombre me pedía disculpas por hacerme cambiar tanto de humor, por hacerme sentir mal, por hacerme llorar. Me prometía mejorar, me prometía luchar y mejorar.
Me recordé a mi misma diciendo que la gente no cambia.
Tomé la carta y un par de boletos del cine que había decidido conservar.
Salí al patio y respiré, me limpié las lágrimas y me armé de valor.
Enero es un buen mes... inclusive mejor que octubre.
31 días de frío para recordarme que en frío nací.
31 días de compañía para recordarme a los que han nacido en calor.
Encendí fuego, rodeada de azul y esperé a que los papeles se convirtieran en ceniza.
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