Asi me dí cuenta de que la universidad sería buena:
Llegó una maestra, platicó bastante con nosotros, al parecer le estaremos viendo la cara unos 5 semestres.
Despues de ella llegó un profe cuyo nombre no recuerdo -y ni me interesa recordar-, ese profesor, era muy agradable, lo notabas desde su aspecto de hombre que descuida su físico, su forma tan cotidiana de hablar y su movimiento continuo de manos que expresaba el tamaño de cada palabra.
Hablamos un rato y luego nos hizo subir al escenario, donde muchos debimos descalzarnos. Caminamos de puntas, de talones, plantas dentro, plantas fuera, moviendo las manos. Minutos mas tarde hicimos un ejercicio de improvisación, hasta que terminó el primer día de curso.
Terminé con la planta de los pies negras negras. Y las miré atenta un instante, cuando iba en el carro.
Una vez en la casa no pude evitar expresarle a mi madre ¡traigo los pies muy sucios! a lo que ella respondió con un gesto de desagrado que quitó inmediatamente cuando notó que yo sonreía.
¿Y cómo no hacerlo?
Cualquier escuela, que me haga descalzarme y caminar por un escenario, hasta dejarme los pies negros, sin duda es una buena escuela.
Nos ensucia, y me divierte.
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